El producto amparado por la Indicación Geográfica Protegida (I.X.P.) «Patata de Galicia» o «Pataca de Galicia» se define como los tubérculos de la especie Solanum tuberosum L, de la variedad cultivada «KENNEBEC», destinados al consumo humano.

Las patatas susceptibles de ser amparadas deberán tener un calibre adecuado.

Las características particulares de las patatas de consumo variedad Kennebec amparadas por la Indicación Geográfica Protegida «Pataca de Galicia» serán las siguientes:

  • Forma de los tubérculos: redonda a oval.
  • Presencia de ojos muy superficiales.
  • Piel de apariencia lisa y fina.
  • Color de la piel: amarillo claro.
  • Color de la carne: blanco.
  • Textura: firme al tacto y cremosa al ser cocida, consistente en la boca.
  • Calidad para consumo: excelente, destacando por su contenido en materia seca y por que mantenga las sus cualidades de color, aroma y sabor después de ser cocinadas.

En el apartado referente las sus características analíticas, estas deben hacer falta:

  • Contenido en materia seca superior al 18%
  • Contenido en azúcares reductores inferior al 0,4%

Debido a las condiciones climatológicas, a las características de los suelos y a los esmerados cometidos culturales, que se dan en las zonas productoras de patata de nuestra Comunidad Autónoma, el producto obtenido tiene una calidad culinaria excepcional. Este hecho bien conocido por los mayoristas y consumidor, hace que la patata gallega sea muy valorada y tenga un precio en los mercados superior a la procedente de fuera de Galicia.

Respecto de las condiciones climatológicas, es de destacar que la abundante pluviometría de las zonas productoras 1.000 a 1500 mm. /año y las temperaturas suaves, hacen que los cultivos de patata, tengan un óptimo desarrollo vegetativo, sin necesitar la aplicación de riegas, así se consigue un crecimiento continuo de los tubérculos. La existencia de un período seco en los meses de agosto y septiembre, con déficit hídrico en el suelo, hace que los tubérculos producidos pierdan agua, antes de ser cultivados, y maduren perfectamente, formándose una piel uniforme y resistente, lo que unido a la reducción del contenido de agua en el tubérculo, ayuda a la conservación del mismo y aumenta su calidad culinaria.

Asimismo en las zonas productoras, predominan los suelos francos y franco-arenosos, con pHs comprendidos entre 5 y 6,5, siendo estos óptimos para este cultivo. Esta textura permite que la piel del tubérculo sea fina y uniforme y que los tubérculos salan limpios de tierra (no siendo necesario su lavado). El pH débilmente ácido impide la presencia de la enfermedad denominada sarna oroña (los tubérculos afectados por la citada enfermedad, presentan la piel áspera con pústulas, no siendo aptos para la venta, por su desagradable aspecto).